De respeto va la cosa

Vivo en un país extraño en el que, por identificarme con mi bandera y con mi himno, puedo ser considerado un militante de extrema derecha. Parece que sólo está aceptado vestirse de rojo y amarillo cuando jugamos un Mundial de fútbol o una Eurocopa; y es que, el fútbol va camino de convertirse en cuestión de estado en España: el “Mes que un club” culé ya supone una clara declaración de intenciones.

La cuestión no es tratar de imponer una bandera y un himno a unos aficionados que van a ver una final. Si ellos se consideran catalanes o vascos en vez de españoles son muy libres de sentirlo (también es verdad que considero especialmente anacrónicos y muy exaltados diversos aspectos de estos nacionalismos, que, a su vez, surgen tan radicales como reacción a una flagrante violación de sus patrimonios culturales y tradiciones históricas a lo largo de la historia reciente).

Pero lo que me parece de recibo es que vayan con sus hijos a ver una competición que hace honor a un jefe de estado, que para ellos es extranjero, donde suena un himno, que para ellos es extranjero, y ondea una bandera, que para ellos es extranjera, y tengan la desfachatez, el indecoro y la falta de civismo, y de educación básica, para silbarlo e insultarlo.

De respeto va la cosa, son libres de no sentirse españoles, pero al menos que tengan el decoro de respetar unos símbolos nacionales, les gusten más o menos; hay otros mecanismos y manifestaciones, mucho más eficaces, para expresar y hacer valer su sentir nacional. Si no respetan esos símbolos, si no respetan esa competición ¿para qué van a verla? Si sus clubes permiten estas actitudes quiere decir que las respaldan, ¿para qué participan, entonces, en una competición que homenajea una institución que a su vez consideran opresora y extranjera? Bien orgullosos se sentirán de sostener la Copa del Rey cuando la hayan ganado.

Y las dos Españas, a su vez, activan todos sus sistemas de verborrea y se enzarzan en una discusión sobre si sería justo o no penalizar este tipo de conducta con la suspensión del partido. Pues yo, sinceramente, opino que sí habría que hacerlo, ¿por eso soy un “facha”?, ¿por considerar fuera de lugar el insulto a unos símbolos nacionales? No se me ocurriría silbar ningún himno extranjero, pero aquí somos propensos a tirar piedras sobre nuestro propio tejado. Vaya espectáculo lamentable.

España: ¡Mater dolorosa! Sinceramente, cada vez me veo más lejos de ti, de tu enfermedad crónica, de tu sinsentido.

¿Caballeros de Cydonia?

En fin, ahora me ha dado por perfeccionar la técnica de dibujo. Quién sabe dónde puede acabar la aventura.

Si queréis ver las ilustraciones a tamaño completo sólo tenéis que pinchar en ellas.

Para estar trabajadas con el ratón en Gimp no están mal, pienso; aunque aún me queda que mejorar mucho.

Conócete a ti mismo

“Elogio de la Responsabilidad”

Sergio Sinay es un escritor argentino que aborda temas realmente interesantes. Fui a dar con un par de libros suyos de forma casual y, sinceramente, aunque breves, me resultaron portentosos por su concreción y su capacidad de definir el valor de la responsabilidad. Como quien arroja luz sobre el “gnothi seautón” griego –el “conócete a ti mismo”–, el autor pone el protagonismo de la vida dentro de la propia persona, en la autoconsciencia, sólo así ésta podrá ser responsable y, en última instancia, libre: ¿cómo podemos ser libres si no somos capaces de explicar por qué hacemos o dejamos de hacer esto o lo otro?, ¿si no somos capaces de orientar nuestros deseos, nuestras inquietudes?

Evadiendo nuestras respuestas no sólo nos hacemos infelices a nosotros mismos, sino que las principales consecuencias de nuestras irresponsabilidades tienen un efecto transpersonal, es decir, hacemos daño o engañamos a los demás, por no ser capaces de ser sinceros con nosotros mismos o de afrontar las circunstancias de nuestra vida. De esta forma, conocernos a nosotros mismos para saber qué responder, para saber quiénes somos, se convierte en un ideal, quizás inalcanzable, pero sin duda una meta que puede dar sentido a una vida; y, sin duda, la responsabilidad adopta entonces un valor que transforma y define nuestros vínculos.

Os dejo algunos fragmentos, para que saquéis vuestras propias conclusiones: no dice nada nuevo, nada que no se sepa, pero algo que podemos olvidar a menudo, muchas veces por conveniencia, otras por cobardía, y es que si no eres sincero contigo mismo… ¿esperas serlo con los demás? ¿Esperas que los demás lo sean contigo?

“En nuestra cultura, en la sociedad que componemos, hay muchas reacciones y pocas respuestas. (…) Reaccionamos, de modo automático, todo el tiempo. Lo hacemos ante estímulos variados. Conveniencia o inconveniencia, ganancia o pérdida, soborno o comisión, premio o castigo, multa o promoción especial. (…) Como cobayas de laboratorio estamos sujetos a una lluvia constante de órdenes, mandatos y estímulos. (…) Las cobayas reaccionan a los estímulos. ¿Son responsables? No. La palabra responsabilidad viene del latín “respondere” (responder). Es la capacidad de responder por los propios actos, realizados en libertad y con la conciencia de que todas nuestras acciones tienen consecuencias que nos afectarán, que afectarán a otros, que afectarán a nuestro entorno. 

(…) Desde que estamos en el mundo, vivimos entre otros seres y nada de lo que hagamos (o dejemos de hacer) quedará al margen de la trama que nos vincula a ellos y a la vida. Recordar esto, registrarlo y asumirlo, es abrirse a una dimensión espiritual y trascendente de la existencia. (…) Olvidarlo, despreciarlo, es convertirse en objeto de estímulos, reducirse al espacio y la función de una cobaya, hacerse reaccionario en el peor sentido del término. (…) Su abandono [el de la responsabilidad] equivale, en primer lugar, al menosprecio de la propia vida. Porque la responsabilidad inicial y fundacional de cada uno de nosotros se centra en el sentido, el contenido, el significado de nuestra existencia. (…) Es una experiencia que nadie puede vivir por nosotros, intransferible. (…) Responder al interrogante acerca de cómo nos proponemos estar en el mundo es abocarse a algo que va más allá de una simple cuestión personal. Precisamente porque todas las acciones tienen consecuencias, el sentido del cual preñemos a nuestra vida influirá en el mundo que contribuiremos a construir.

(…) Somos seres conscientes, por lo tanto somos seres responsables. Esto no se elige. Es así. Nuestras vidas y el modo en el que las vivimos no son producto del azar ni del capricho de los dioses. No somos los creadores de la vida, ni controlamos sus imponderables. Pero sí somos responsables de lo que hacemos con esa vida y con sus circunstancias“. 

¿Qué se celebra en Semana Santa?

“Un As en la manga de Dios”

En estas fechas en las que la religión irrumpe con fuerza en nuestra rutina –calles cortadas, procesiones, noticias en los informativos, crucifixiones de fanáticos…–, parece inevitable que se provoque cierta reflexión sobre Jesús de Nazareth; sobre su pasión y sobre la trascendencia, en general, de este icono religioso y espiritual. Ahora bien, llegado a este punto quisiera dirigir mis palabras hacia el creciente interés que despierta en mí la llamada “Sabana Santa”, o “Santa Síndone”, pues, los que defienden su autenticidad no dudan en afirmar que es el mismo sudario utilizado en la sepultura del galileo tras su terrible pasión en la cruz; hecho narrado por los evangelistas y por otros historiadores clásicos como Tácito.

El culto y fervor por las reliquias ha llevado a tremendas atrocidades a lo largo de la historia; restos de santos han brotado por aquí y por allí como si fuesen setas, y si se sumasen todos los restos de la cruz de Cristo… ya juntaríamos varios kilómetros de astillas. Generalmente la principal función de las reliquias ha sido la de aumentar el fervor y la fidelidad de los creyentes con “pruebas” sobre las que apoyar dogmas de fe: en la Contrarreforma se hicieron especialistas en ello.

Pero… entre dientes de santos y tumbas de apóstoles, quizás haya algo de “realidad”. Al menos hay vestigios cuya realización y composición se resiste a ser explicada por la ciencia, hasta fecha de hoy. Uno de ellos es la Sabana Santa, un involuntario retrato de Jesús de Nazareth, un testimonio de su pasión y… ¿de su resurrección? De ahí que sea polémica, aunque el Carbono 14 ya se encargó de despejar las dudas… al menos para los que quieren despachar rápido el asunto. Lo que está claro es que para los creyentes convencidos es totalmente real y para los ateos convencidos es totalmente una falsificación… Yo os propongo la duda: que saquéis vuestras propias conclusiones sobre “el hombre muerto” de la Síndone.

Para abordar el tema en profundidad os dejo un documental de la serie “Planeta Encantado”, del polémico autor J.J. Benítez, bien conocido por sus temáticas como por las críticas recibidas. Benítez es claramente parcial, defiende, sin lugar a la duda, la autenticidad de la Síndone. ¿Por qué escojo su trabajo para ilustrar esta entrada entonces? Porque no tengo por qué ocultar mi alineación; yo defiendo en gran medida su postura y esta versión, quitando un estilo demasiado absoluto para mi gusto, me parece un magnífico trabajo para invitar a la reflexión sobre Jesús de Nazareth y su pasión.

Os invito a dudar, a investigar y a descubrir por vosotros mismos. Y una cosa muy importante: con esto no pretendo defender un credo religioso en concreto. Tan sólo mi admiración y confianza en Jesús de Nazareth.

Para más información podéis visitar, también, la siguiente página: www.sabanasanta.org

Jesús dijo: “El que busque, no cese de buscar hasta que encuentre, y cuando encuentre se conmoverá, y cuando se conmueva se maravillará y reinará sobre todo (…) Quien busca encontrará, y al que llame, se le abrirá”. Tomás, 2. 94.